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  • Foto del escritor: Leidy Beltrán
    Leidy Beltrán
  • 24 jul 2020

Aquel hombre agujereó la madera en dos puños, gritó, y como si no fuera suficiente volvió a gritar, perforó el corazón de la mujer de un golpe, para ella fue como aquella vez que desató su cólera y destrozó una vara en sus piernas, como cuando la empujó hacia las barandas de las escaleras logrando desprenderlas del suelo, o como tantas otras veces.


Moretones, piel reventada, hematomas y rasguños, ella luchaba, se defendía con coraje aunque recibiera un mayor castigo por ello, aun así a ella le causaba más dolor que viniera de su sangre, el único hombre que le quedaba en casa, su hermano; "si papá estuviera nada de esto pasaría" -dijo-, se desesperó pero juró no volver a autoflagelarse cuando sintiera ira de las circunstancias, pues ella no tenía la culpa. Lloró hasta matar su dolor, hasta ahogar su rabia, pasaron tal vez 8 horas para que dejara de hacerlo, sus ojos y su cara se inflamaron, la piel y la cabeza le dolían, le costaba abrir los ojos, se refugió en la soledad y lobreguez de su habitación, de su música, y pensó que aunque fuera su familia no estaba obligada a soportar, solo deseó algún día poder irse, poder estar por fin sola, y aunque extrañaría la calidez de su madre y la bondad que muy en el fondo guardaba su hermano, era mejor no estar allí.



-Leidy Beltrán-


 
 
 
  • Foto del escritor: Leidy Beltrán
    Leidy Beltrán
  • 12 jul 2020

Decir que soy feliz es demasiado, es condenarme a sufrir, simplemente tengo lo que necesito, y seré puntual: un poco de sosiego, libertad, una cocina, música, elementos de literatura y arte para la distracción y una cama; fácilmente puedo concluir que la felicidad es peligrosa, nunca se sabe cuál será el precio, el horrendo sacrificio por un vulgar y odioso momento de ventura conmigo misma.

Para ser feliz se requiere un intercambio con el cosmos, esto es alquimia -nada equivalente- pura, es mercadeo, son intereses de por medio, es un trueque donde se da lo que el universo necesita y se recibe lo que se desea, pero nunca se sabe qué es lo que se tiene que dar, por eso siento temor por el afán de ser feliz, porque lo he vivido, hablo de aquel martirio que viene después de eso, la ausencia de ese sentimiento de apogeo, el dolor intenso en el pecho, el abismo que deja en el alma, ¡eso!, eso es algo que queda para siempre, considero a la dicha como un mal negocio, ya que el precio es altísimo para algo que dura un respirar. La felicidad es el infierno mismo enjoyado con la perspicacia de la vida.


-Leidy Beltrán-


 
 
 
  • Foto del escritor: Leidy Beltrán
    Leidy Beltrán
  • 5 jun 2020

El camino es rocoso, y agrietado, los zapatos están sucios, y desgastados, a la vida le dio una enfermedad.

Ella, en su lecho cierra los ojos, aún escucha el resollar del caballo, siente miedo pero le excita ir rápido, el animal suda, su pelo marrón se pega entre sus dedos, las patas golpean el suelo con fuerza; ha llovido, el frío congela sus dedos, y quema su cara; al frente las montañas, a los costados, árboles. Abre los ojos y ya no está sobre el caballo, empieza a perderse, siente frío, respira cada vez más lento, y su corazón cojea, pensó que


viviría mucho más, pero el tiempo es corto, a la vida se le acaba la vida.

Mente en blanco, labios pálidos; 1, 2, 3, 4, las patas del caballo, de nuevo hay vaho en su boca, escucha el tronar del viento y el latir de su corazón; no imagina que dejó de vivir para seguir viviendo en otro lugar, en otro tiempo, y con la misma vida de aquel momento.


-Leidy Beltrán-



Las dos fotografías yacen en el lugar más mágico de nuestro entonces, mi padre nos enseñó el campo, y su amor por él; tal vez amaba los caballos igual o más que yo.

 
 
 
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